PALABRAS PRISIONERAS

Tenemos tan poco. Pasamos la mayor parte de nuestra vida útil desenvolviéndonos en el medio que nos rodea, y juraría que llega un momento en el que lo hacemos con tal destreza y rebeldía que creemos que ya nada puede derribarnos. Inmunes a la muerte, a la justicia, a todo lo que se ponga por delante de nuestros ojos. El colmo de la libertad. Ni un cuarto de un centímetro de la línea más pequeña nos separa de perder el equilibrio y acabar besando el suelo. Cuando te quieres dar cuenta estás al otro lado. ¡La línea es tan estrecha! Yo no sé qué pasa, pero un día te levantas encerrado entre cuatro paredes inertes sin tu libertad y de repente lo has perdido todo. No importa nada de lo has hecho a lo largo de tu vida, ninguna de las personas a las que has conocido, ni si quiera el amor más bondadoso ni el deseo más vehemente. Todo se resume a nada, y en ese momento a uno se le mueve hasta el piso por el que camina. Tenemos tan poco. Lo único realmente nuestro que tenemos es un ápice de integridad. En ese diminuto centímetro se guarda todo lo que somos y lo que hemos vivido, nada ni nadie puede arrebatárnoslo. Pero si, por estas cosas que tiene la vida cuando te lo arranca todo, lo perdemos, si perdemos lo único que de verdad nos pertenece, entonces estamos perdidos, entonces ya no somos, entonces estamos muertos.
El 4 de diciembre doscientas personas asistimos a escucharles. Doce historias fueron contadas. Algunas por boca de los protagonistas internos en la cárcel de Tenerife 2, otras fueron relatadas por sus representantes, que acudieron al acto en nombre de aquellos presos que no obtuvieron el permiso para presentarse. El Festival Internacional del Cuento de Los Silos 2015 ofrecía en el centro de salud del municipio un recital de fábulas, poemas y narraciones creados por los propios internos en el Taller de Literatura que Ernesto Rodríguez ofrece con periodicidad en la cárcel tinerfeña. El acto, que comenzó a las cuatro de la tarde, reunió en el salón de actos del centro sanitario a familiares, amigos, escritores y curiosos. El resultado conmovedor ante los versos y oraciones de los protagonistas arrancó sonrisas entre el público, que pudo ser partícipe de su letras, pensamientos y formas de vivir internos en Tenerife 2.
HASTA EL AROMA DE UN PERFUME ES LIBERTAD”
Tan solo quedan 25 minutos para que comience el evento y los protagonistas aprovechan para salir de la sala y fumarse un cigarrillo. Al mismo tiempo algunos de ellos conversan con sus allegados y les muestran sus relatos para conocer sus opiniones. La emoción y la impotencia se revelan en las miradas de todos y cada uno de ellos al pensar que dentro de dos horas serán privados de nuevo de esta bocanada de aire fresco para regresar a sus celdas frías, grises y aisladas.
Álvaro y Cristóbal están sentados en la escalera de la entrada del centro de salud de Los Silos y comentan sus nervios. Además, intercambian elogios sobre lo bien que han defendido sus textos durante el ensayo. Es entonces cuando nos acercamos más a ellos para iniciar una entrevista. Ambos se muestran dispuestos a darse a conocer un poco más, contar cuál es su historia, cuál es su inspiración, cuáles son sus expectativas una vez abandonen la prisión. Álvaro y Cristóbal coinciden en
que los talleres de literatura que son ofrecidos en Tenerife 2 por el escritor y organizador del festival literario, Ernesto Rodríguez Abad, se caracterizan por ser “divertidos y colaborativos”. Estos talleres permiten que cada miembro ofrezca su visión sobre un determinado tema y, además, en ellos se tratan textos literarios que, según las propias palabras del profesor, “llegan a lo más profundo de los alumnos”. Los internos ven en estos talleres la posibilidad de verter sus vidas en relatos que lleguen a otras personas evitando que estas cometan los mismos errores que ellos. Además, creen que es una manera de abrir sus mentes y sus corazones a la cultura, ya que ellos no tienen estudios previos.
Huirán del dinero fácil que les ha conducido a prisión para luchar por un dinero trabajado”
La emotividad del ambiente aumentaba de manera proporcional a la intensidad de las preguntas. Álvaro nos habló de cuál era su fuente de inspiración: su novia. Cabizbajo y con la voz temblorosa se culpaba de la situación que ella estaba teniendo que vivir sin merecerlo y se lamentaba de que su pareja tuviera que conformarse con una relación basada en citas de corta duración, y además, en la cárcel.
Sus expectativas tras sufrir esta experiencia son grandes. Ante esta pregunta aparecen amplias sonrisas en sus rostros, solamente con pensar en el momento en el que saldrán del centro penitenciario miles de sueños y esperanzas bombardean sus mentes. Ambos coinciden en que cuando todo acabe llevarán una vida honrada, huirán del dinero fácil que les ha conducido a prisión para luchar por un dinero trabajado. En el caso de Álvaro, añade que quiere formar una familia y ser un ejemplo para sus hijos de lo que no se debe hacer.
El punto álgido de la conversación llega de la mano de la pregunta: “¿Qué es para vosotros la libertad tras haber pasado por la cárcel?” Los entrevistados se miran, sonríen y se abren en canal. Para Cristóbal la libertad es una oportunidad de recuperar el tiempo perdido valorando más las cosas que tiene a su alrededor, valorando más su vida. “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, sentenciaba. Álvaro identifica la libertad con cada pequeño detalle, “hasta el aroma de un perfume es libertad.” Nos contaba que en sus celdas no había olores, no había color, no había nada. Solo un triste vacío y lágrimas cada mañana al ver que nada había sido un sueño y que ahí estaban, recordando cada momento feliz vivido con sus seres queridos y contando los minutos para volver a verlos. Finalmente, para romper el clima de tristeza y sentimiento que se había creado, los dos bromeaban recordando que para ellos la libertad también era la posibilidad de dormir en un buen colchón.
No fue necesario insistir para que respondiesen a nuestras preguntas con respuestas densas, su necesidad de hablar con alguien fuera de la cárcel sobre cómo se sentían hizo que el diálogo fuese tan fluido que ni siquiera recordábamos que se trataba de una entrevista. Más bien, estábamos presenciando una lección de vida dada por dos hombres con mucho que enseñar pero encerrados bajo la etiqueta de “presos de Tenerife 2”.
Al finalizar esta entrevista nos reunimos con Juan, un hombre alto y corpulento de semblante serio. Sin embargo, su relato había sido una fábula con un alto contenido metafórico. Nos interesamos por saber qué significaba para él esta historia, que se basaba en un niño que tenía que vivir solo en la selva en compañía de otros animales y que en numerosas ocasiones se enfrentó a la muerte. Juan escribió este cuento para niños inspirado en su infancia, en sus recuerdos, con el fin de enseñar a otros cómo una persona tiene que salir adelante solo. Por otra parte, contaba que para él el taller de literatura se vivía de una forma muy positiva porque lo ayuda a comunicarse con otras personas además de ser una forma de evasión.
En cuanto a la otra cara de la moneda, es decir, los maestros que les imparten diferentes materias en la prisión, estaban nerviosos y ansiosos porque comenzase pronto el evento. Sus rostros reflejaban el orgullo y la satisfacción al ver cómo sus alumnos expresaban sus sentimientos de una forma tan emotiva. Uno de sus profesores de lengua, al que cariñosamente todos llamaban Chema, nos contaba que la escritura tiene unos efectos muy positivos sobre los internos por ayudarles a expresar sus pensamientos, a comprender el mundo y a replantearse todo aquello que habían dado por sentado hasta ahora.
Se acabó el descanso, ya es la hora, llega el momento de mostrar al mundo lo que sienten.
DESCUBRIENDO LITERATOS
Doscientas personas ocupan las butacas de la sala del centro de salud de Los Silos. Curiosos, maestros, familiares y amigos se reunieron para escuchar las palabras que salían de los corazones de esos doce hombres que habían trasladado su libertad a un papel a través de la literatura.
La velada comienza con la actuación del cuentacuentos costarricense Juan Madrigal que, a través de canciones populares cortas, logró que internos y público se fundieran en una sola persona a través de un coro divertido que sacó el lado más infantil de todos y cada uno de los presentes. “La línea es muy fina, nunca sabes si algún día estarás al otro lado”, concluía Madrigal para hacer reflexionar a los espectadores sobre las pocas diferencias que había entre ellos y los presidiarios.
En el escenario apareció Ernesto Rodríguez Abad para regalar unas palabras a los protagonistas de la tarde y desearles ánimo y suerte, del mismo modo que agradecía al cuentacuentos su brillante intervención. Además, insiste en que la finalidad del festival de este año es la integración social en torno a la literatura, así como recordar que todas las personas tienen derecho a la palabra como hecho artístico. Una vez finalizado el discurso, comienza la función.
El primero en salir al escenario es Álvaro, cuando parece que iba a comenzar a leer su relato mira al público y parece buscar entre la gente a una persona, a su padre. Es entonces cuando se acerca al micro para decir “Feliz cumpleaños papá, que cumplas muchos más.” Ahora sí puede leer tranquilo. Su relato se titula “El pulido del sentir” y tiene como claro tema central las ansias de libertad y el arrepentimiento, incluyendo frases como “quiero ser libre, que el viento me lleve lejos puliendo esos males del pasado”, o “dejar atrás al demonio del pasado”. El relato finaliza y el público aplaude efusivamente ante la mirada aniñada de ese hombre que está siendo feliz.
Álvaro González durante su relato
Es el turno de Cristóbal que lee un texto de uno de sus compañeros del Módulo 7. Él logra arrancar las más sinceras sonrisas de la audiencia con su crítica a la educación transmitida por Disney a la sociedad, poniendo ejemplos como que “Pinocho siempre miente” o que “la Bella Durmiente era una vaga.” En tercer lugar Teofilo sorprende con un poema elaborado por él mismo inspirado en el bien que le hacen los talleres de literatura impartidos en la cárcel. Además, la ilusión que su voz desprende al recitarlo se transmite por toda la sala. Posteriormente es el turno de Tinerfe, quien relata una historia escrita por sus compañeros Gregorio y Pedro titulada “Melancolía”, que habla sobre sus ansias de volver a casa. Le sigue Sebensuí quien narra una historia escrita por una mujer donde define qué es para ella el amor, para ella el amor es su hijo y la lucha infatigable por salir de prisión para volver a verlo. Se va acercando el final y es el turno de Juan que cuenta su fábula bajo la atención del auditorio. Eric con “amor y leyenda” pone las emociones del público a flor de piel, contando la historia de un hombre de 49 años que vive enamorado de su mujer desde el primer día.
Todas las personas tienen derecho a la palabra como hecho artístico”
Finalmente, dos de los maestros leen relatos breves escritos por internos que no han podido recibir el permiso para acudir al festival. El factor común de los textos es la temática, todos coinciden en hablar de la libertad, del amor, del arrepentimiento y de las ganas de vivir.
El evento cierra con otra actuación de Juan Madrigal, que vuelve a conseguir su objetivo de hacer disfrutar a los espectadores como niños, especialmente a los protagonistas de la tarde que se sienten más relajados tras haber leído sus relatos y que se permiten olvidar sus problemas para disfrutar de un buen rato en el que ellos son el centro de atención. Sin embargo, a pesar de que todo parece haber terminado, el público se pone poco a poco en pie para regalar sus intensos aplausos a todos y cada uno de los que han leído sus historias, un aplauso cargado de apoyo, de ánimo y de empatía. Ellos, sin dar crédito de lo que estaban viviendo se dejan llevar y derraman lágrimas de emoción y pronuncian palabras de agradecimiento. El aplauso no cesa, cada vez está más lleno de fuerza, de deseo de que ellos supieran que habían logrado entrar en lo más profundo de las almas de los presentes , que habían conseguido crear una conexión irrompible y que habían marcado un antes y un después en nuestra forma de ver el mundo.
DONDE LO QUE QUEDA ES PENSAR
 
Ernesto Rodríguez Abad ha trabajado en la cárcel de Tenerife 2 durante dos años ofreciendo un taller en el que muchos internos descubren el mundo de la literatura como forma de evasión y aprendizaje humano. El objetivo de esta actividad, que el profesor de la universidad lagunense retomará después de las navidades, pasa por hacer reflexionar a los internos para potenciar su tolerancia y dignidad: “no solo se trata de que aprendan a escribir mejor o leer, nosotros hacemos tertulias, dialogamos sobre lo que pasa cada día en el mundo”.
Hay gente que vive de otra forma, que sufre de otra forma, y eso solo lo aprendes en la cárcel”
 
Tal y como nos contaba el organizador del festival durante la distendida charla que mantuvimos con él, este taller literario resulta ser una apertura de mente para los internos: “No todos tienen la misma formación académica, así que lo primero que hago es tratar de inculcarles cuál es la estructura de un texto narrativo para que a partir de ella puedan desarrollar su creatividad y expresar sus sentimientos desde la más absoluta libertad”. A pesar de los distintos niveles académicos que se pueden encontrar entre los alumnos que frecuentan el taller, el profesor asegura que muchos de ellos tienen un gran potencial para escribir, hecho que se refleja en textos como los que nos ofrecieron en el recital. A medida que la conversación iba transcurriendo, Ernesto Rodríguez nos relataba anécdotas sucedidas durante las clases y confesaba que los grandes temas por lo que sus alumnos se interesaban eran la poesía y el erotismo: “Mi sorpresa al comenzar el taller fue que muchos de ellos querían escribir a sus mujeres y expresarles sus sentimientos, pero no sabían cómo”.
Pero los dos años en los que se ha impartido esta actividad en la cárcel de Tenerife 2 no solo han servido para suplir la necesidad de expresarse que algunos internos tienen, la relación entre el profesor y sus alumnos se ha convertido en un flujo constante de aprendizaje en el que Ernesto les ayuda a desnudarse con palabras y ellos le proporcionan lecciones de vida inolvidables: “Hay gente que vive de otra forma, que sufre de otra forma, y eso solo lo aprendes en la cárcel”. Cada vez que Ernesto Rodríguez pronunciaba durante la entrevista algún acontecimiento ocurrido en las horas de clase con los internos sus ojos se envolvían en brillo, su rostro delataba todo lo que había aprendido de sus alumnos, llegando incluso a relatar la historia de una joven presa y las palabras que su padre le había dicho al ingresar en el centro penitenciario: “No pierdas la dignidad nunca, aunque estés en la cárcel”. En ese momento fuimos conscientes del contenido humano que las personas tenemos, de la importancia de reformarse y no agachar la cabeza frente a los contratiempos, aunque en ocasiones la vida misma se vuelva un sinsentido.
Una de mis metas es impartir el taller literario en la biblioteca de la prisión”
 
Además de narrarnos cómo es la vida en el taller y los mecanismos que usa, Ernesto Rodríguez trató explicarnos las dificultades que se presentan en un mundo que, como él mismo dijo, no termina de entender: la cárcel. Durante la cita el profesor nos confesó que la presencia de muchos internos en el Taller de Literatura es inestable y que no todos acuden con periodicidad, lo cual dificulta su trayectoria. La vida en prisión está sujeta a muchas normas fácilmente franqueables, todo depende de todo y no se puede controlar. Una mala conducta, una discusión o la decisión de cargos superiores pueden hacer que el número de internos que acuden al taller varíe de una semana a otra. Uno de los entramados que resaltó durante la conversación fue la poca asistencia de mujeres a su actividad literaria en la cárcel. El profesor trató de explicarnos sin encontrar un porqué rotundo a la oposición que la dirección del centro reitera ante la petición de que un mayor número de presas acuda a sus clases alegando la dificultad que supone trasladar a las internas del módulo en el que habitan al módulo en el que se imparte el taller literario. Durante la charla, Ernesto Rodríguez puso de manifiesto su descontento con la falta de apoyo que el Gobierno proporciona a la Literatura y a las actividades culturales que se realizan en las prisiones. La dejadez en España hacia la cultura se ha convertido en un problema que afecta a todas las generaciones y empeora la calidad de la enseñanza, hecho que se demuestra también en la cárcel de Tenerife 2. De esta manera, el profesor nos explicaba que estar en prisión es un momento que los internos deberían aprovechar para aumentar su formación académica mediante los planes de estudio y el profesorado que se pone a su disposición en la cárcel. Sin embargo, Ernesto denuncia con sus declaraciones el poco soporte económico que el gobierno español ofrece a la cultura, que es un gran impulsor de sentimientos y una eficaz forma de reinserción para los presos.
Con el final de la entrevista salían a la luz las ilusiones y desilusiones del profesor en cuanto a su actividad en la cárcel. Así, nos confesaba que una de sus metas es impartir el taller literario en la biblioteca de la prisión en vez de en un aula y manifestaba con decepción que esto no sería posible hasta que la literatura no se consolidase más en nuestra sociedad, llegando a incluir en el sistema educativo un plan de lectura y abasteciendo las bibliotecas de las prisiones españolas para conseguir una riqueza literaria tal y como hacen las cárceles de otros lugares como América del Sur.
Centro penitenciario “Tenerife 2”

El diálogo desvaneció, Ernesto se levantó de la banqueta azul en la que estaba sentado y nosotras le seguimos. Es curioso, porque algo en lo que no nos habíamos parado a pensar demasiado anteriormente se activó en nosotras. Tenía las entrañas revueltas y no podía parar de pensar en lo mucho que aprendemos cada día con solo abrir un poco los ojos y mirar a nuestro alrededor. Y la libertad, que es lo que somos incluso en las peores circunstancias. Puedes verte encerrado entre cuatro paredes o en el desierto más grande y solitario del mundo. Pueden prohibirte hablar, escribir o actuar, pero la libertad de pensar es lo que somos, el cerebro es la única cosa en el mundo que nunca jamás para de dar vueltas, por encima de las cárceles, de los gobiernos, de los sistemas o de sea lo que sea lo que se pone por delante de nosotros. De pensar no te libras ni cerrando los ojos.

NATALIA G. VARGAS Y JANIRE ALFAYA GONZÁLEZ
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